Es invierno y estamos en guerra. Las tropas de Guillermo I, rey de Prusia, dominan las tropas de Napoleón III; el 19 de septiembre de 1870, comienzan a sitiar París; el 12 de enero de 1871, entran a Le Mans y avanzando hacia el Oeste llegan hasta Mayenne.
El 17 de enero, una parte del ejército prusiano se adelanta y llega a las puertas de Laval. Reina el desorden y el pánico entre los soldados franceses. En los campos, los campesinos esconden sus pertenencias: dinero, ropa y alimentos. A las miserias de la guerra se añade una epidemia de tifoidea y de viruela.


La aldea de Pontmain no ha podido salvarse. De una población de aproximadamente quinientos habitantes, la parroquia vio partir treinta y ocho jóvenes reclutados por el ejército. Estaban sin noticias. Todo iba mal. Los parroquianos decían: "Por más que roguemos a Dios, no escucha nuestras plegarias". El domingo 15 de enero, después de las vísperas, el cura había entonado como de costumbre el cántico de Saint-Brieuc:

Madre de la Esperanza
Por tu nombre lleno de ternura
Protege nuestra Francia,
Ruega, ruega por nosotros.

Era el único que cantaba. Al darse la vuelta, exhorta a los parroquianos, quienes comienzan a cantar llorando.
El martes 17 de enero de 1871, seguían en la angustia y la desolación. Hacía frío y la nieve cubría el suelo y los tejados. El cielo estaba límpido cuando cayó la noche estrellada.