

El día en que el cielo se abrió
Pontmain, el 17 de enero de 1871. Era de noche y hacía frío. Francia está en guerra. París está sitiado. Los Prusianos, vencedores, están a las puertas de Laval. En Pontmain, la angustia predomina pues no se tienen noticias de los 38 jóvenes movilizados. Esa noche, Eugène Barbedette ayuda a su padre a moler las aulagas en el granero. Su hermano menor, Joseph, también está con ellos. Eugène sale a "tomar el aire".
Una hermosa Señora
En ese momento, sobre la casa, ve de frente a una hermosa Señora con
un vestido lleno de estrellas que le sonríe con las manos extendidas
al frente. Los aldeanos se apresuran hacia el granero.
Otros niños también la ven. Un óvalo azul con cuatro
velas apagadas rodea a la Hermosa Señora.
En torno al señor Cura y a las religiosas de la escuela se organiza
una velada de oración.
"Orad hijos míos"
Se encuentran diciendo el rosario y el Magnificat, cuando se despliega una
banderola entre el óvalo y el tejado de la casa.
Letra tras letra, los niños van pronunciando el mensaje que se inscribe,
mientras la multitud canta letanías a la Santa Virgen, la Inviolata
y el Salve Regina.
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PERO,
ORAD HIJOS MÍOS QUE DIOS VA A OÍROS MUY PRONTO |
El fervor crece y los niños manifiestan su alegría:
"¡Oh! ¡Qué hermosa es!". Cantan Madre de la
Esperanza.
Súbitamente los niños se ponen tristes cuando el rostro de María
también se impregna de una profunda tristeza.
María muestra a Jesús
Una cruz roja aparece frente a ella con Jesús ensangrentado. En lo
alto de la Cruz, sobre un larguero blanco, se inscribe en rojo Su nombre:
JESUCRISTO. María toma el crucifijo con sus dos manos y lo presenta
a los niños mientras que una pequeña estrella enciende las cuatro
velas del óvalo. La plegaria es ahora en silencio. Luego, los presentes
entonan el Ave Maris stella. El crucifijo rojo desaparece. María toma
de nuevo su actitud inicial, las manos extendidas en un gesto de acogida.
Aparece una pequeña cruz blanca en cada uno de sus hombros. Todos se
arrodillan en la nieve para la oración nocturna. Seguidamente se despliega
un gran velo blanco a partir de los pies de María y poco a poco la
recubre totalmente. "Todo ha terminado" dicen los niños.
Todos vuelven a sus casa con el corazón tranquilo. Once días
más tarde se firma el armisticio. Los Prusianos no entraron a Laval.
Los peregrinos afluyen
Se obtienen gracias de todo tipo. Tras una encuesta y un proceso canónico,
el obispo de Laval, Monseñor Wicart, declara: "Consideramos que
el 17 de enero de 1871, la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios,
se apareció realmente a Eugène y Joseph Barbedette, Françoise
Richer y Jeanne-Marie Lebossé en la aldea de Pontmain."





