
Eugène Barbedette, el primero en ver a la Hermosa Señora en la noche del 17 de enero de 1871 y que recibió su inefable sonrisa, ha guardado siempre una gran reserva respecto a este acontecimiento. Se mantiene fiel a su línea de conducta con profunda humildad: no hablar nunca de la Aparición, sólo por deber o por obediencia, ni en el Seminario Menor, ni durante sus estudios teológicos, ni en los diferentes ministerios que se le asignaron.

Padre muy celoso de su deber, edifica todas las parroquias por las que pasa:
vicario en Renazé y en N.S. de Laval, cura de Peuton y luego de Châtillon-sur-Colmont
donde murió, el 2 de mayo de 1927, después de haber ejercido
durante diecisiete años su ministerio. Su cuerpo reposa en el cementerio
de Châtillon-sur-Colmont.
Joseph Barbedette tenía diez años en el
momento de la Aparición. Poco tiempo después, entra al Seminario
Menor de Mayenne y luego al Seminario Mayor de Laval. Llamado a la vida religiosa,
entra con los Padres Oblatos de María Inmaculada que se ocupaban entonces
del peregrinaje de Pontmain. Novicio en St-Gerlach cerca de Maästricht
en Bélgica, después lo enviaron a N-S. de Sion cerca de Nancy
donde tuvo a su cargo el economato y la dirección de los Hermanos Coadjutores.
Cansado, se va a descansar unos meses a Pontmain donde escribe para su Superior
el Relato de un vidente. Enviado a la diócesis de Burdeos, ocupa el
puesto de vicario en N.S. de Talence. Más tarde, es nombrado Superior
y maestro de los novicios en Bestin, Bélgica, ahí funda un orfelinato.
En 1906, vuelve a Mayenne como misionero en Château-Gontier. Condenado
como religioso en 1910, se establece en Laval. Más tarde se le confió
el cargo de la parroquia de Vautorte, St-Pierre sur Erve y por último
la de Boulay. Abatido por una enfermedad, regresa a Pontmain el 15 de julio
de 1929 donde muere devotamente el 3 de noviembre de 1930. Descansa en el
cementerio de Pontmain, según su deseo, en la tumba de su madre, cerca
de la tumba de los Padres Oblatos.
Françoise Richer. Ella permanece tal como era en
el momento de la Aparición: una alma profundamente cristiana, cumpliendo
con sencillez su tarea diaria "para agradar a Dios y a la Virgen".
Se ganaba la vida como sirvienta difícilmente y más tarde prestaba
sus servicios a la enseñanza libre en varias escuelas rurales.
Hacia 1900, va a casa del abad Eugène Barbedette para servirle en su
presbiterio en Peuton, primero y luego en Châtillon-sur-Colmont donde
pasará los últimos quince años de su vida, dejando la
reputación de una cristiana ejemplar y modesta. La noche del 28 de
marzo de 1915, muere sin agonía pero no sin gran sufrimiento. Justo
después de su último suspiro, su rostro adquiere un gesto tranquilo
como si durmiera.
Como el abad Eugène Barbedette, su cuerpo reposa en el cementerio de
Châtillon-sur-Colmont.
Jeanne-Marie Lebossé. Deseosa de ser religiosa
profesora, entra en relación con la Santa Familia de Burdeos, congregación
de múltiples ramos, por mediación de los RR.PP Oblatos de María.
El 8 de septiembre de 1881, toma el hábito y recibe el nombre de Sor
Saint-André. De 1903 a 1909, radica en Bélgica y luego va al
asilo de ancianos de Burdeos para ocuparse de la dirección de la sacristía,
misión que cumple con alegría y gran piedad. Se distinguiría
por su humildad natural, su caridad discreta y abnegada, el encanto de su
sonrisa y de su mirada.
Brindó a su comunidad los mejores servicios en todo tipo de trabajos
manuales. Puso siempre su talento de pintora a disposición de los demás.
Durante diez años sufrió de parálisis y en marzo de 1933
su minusvalía será absoluta. Entrega su alma a Dios el 12 de
diciembre de 1933. Su cuerpo reposa en el cementerio central de Burdeos en
la tumba de su comunidad.